Martika Leibniz se quedó mirando extasiada el techo de la cámara de hiperoxigenación mientras disfrutaba de su enésima sesión desde que estaba de vacaciones en Phoebe. La oscuridad reinante y su extraña órbita provocaban sensaciones tan extraordinarias que se había convertido en el centro vacacional por excelencia de excéntricos y gente deseosa de experimentar las más extremas sensaciones corporales. Ya había registrado una cita para su micro regeneración molecular cuando llegase a Aldrin, la segunda ciudad más importante de la Luna, pero aún así sentía que los excesos de una semana de vacaciones le iban a pasar factura mucho tiempo.
Terminada la sesión, con un toque en el cinturón la ropa se autolimpió de nuevo y le dió a su chaqueta blanca y sus botas rosas ese olor de fresa ácida clásico de los chicles de la tierra que tanto furor estaba causando en esta temporada.
Mientras iba, mareada, una vez más a la sala principal lo decidió. Que el chico de los ojos de gato podría ser su próxima victima. Quién sabe, a lo mejor esos ojos le sentarían mejor a ella.


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